La construcción del NBA Draft

El jugador del Baloncesto Sevilla Kristaps Porzingis, seleccionado en la 4ª posición del Draft (Foto EFE)

El jugador del Baloncesto Sevilla Kristaps Porzingis, seleccionado en la 4ª posición del Draft (Foto EFE)

Cualquier franquicia de la NBA puede tomar dos caminos a la hora de construir su plantilla. El primero es mediante los traspasos y el período de agentes libres: en este, los ‘general managers’ de los equipos se entregan a sus aptitudes negociadoras para intentar conseguir los mejores jugadores disponibles. El segundo trayecto es a través del Draft: las franquicias seleccionan a los mejores jóvenes de la liga universitaria, confiando en que en un periodo de tiempo no muy largo estos sean las estrellas de la competición.

Si le echamos un ojo a la última plantilla que se alzó con el campeonato de la NBA –Golden State Warriors–, podemos ver que tenía su base procedente de las elecciones del Draft: los californianos incorporaron directamente desde la universidad a Stephen Curry, Klay Thompson, Draymond Green y Harrison Barnes. Aún así, la pieza clave de las Finales, Andre Iguodala, había llegado a Oakland mediante un traspaso.

Pero el hecho de poder elegir a buenos universitarios provoca que los equipos necesiten malos resultados para quedarse con las mejores posiciones del Draft. Esto fue especialmente notorio el año pasado, en 2014, cuando los especialistas asociaron la calidad de esa clase del Draft con la del 2003 –LeBron James, Carmelo Anthony, Chris Bosh, Dwyande Wade y compañía–. Con el objetivo de poder elegir al mejor, los ‘general managers’ empezaron a usar el ‘tanking’ y a pronunciar dicha palabra en público.

“Para mí, ‘tanking’ significa intentar perder partidos intencionadamente”, escribía en Basketball Prospectus el analista de la ESPN Kevin Pelton. “’Tanking’ no necesariamente tiene que involucrar selecciones del Draft. A veces, puede tratarse de arreglar enfrentamientos para los Playoffs”. Pero año tras año se demuestra que el ‘tanking’ y, más en concreto, el Draft no siempre son una apuesta segura en cuanto a la construcción de la plantilla.

¿Qué pasa si un equipo selecciona a un jugador que acaba imitando casos como los de Kwame Brown, Eddy Curry, Darko Milicic, Adam Morrison, Greg Oden, Michael Beasley o Jonny Flynn? De hecho, y como se puede ver en la infografía de arriba, cada año que pasa se reduce el nombre de representantes de una clase de Draft, quedando solo los jugadores realmente que tienen calidad para jugar en la NBA –lo cual, matemáticamente hablando, es pura lógica.

De esta manera, no es tan fácil como podría parecer escoger en el Draft a una futura estrella de la liga. Más aún si, en vez de usar estadísticas superficiales sobre qué porcentaje se queda o no en la NBA, nos fijamos en la aportación real de los jugadores. Para ello, he usado la estadística ‘Win Shares’ de Basketball-Reference. Esta variante calcula las victorias que aporta un hombre a un equipo en comparación a si este no estuviera en la plantilla.

Recuperando la mediática clase del 2014, podemos ver que esta nueva hornada de jugadores que entró en la NBA se quedó muy lejos de lo esperado en cuanto a rendimiento si usamos la estadística ‘Win Share’. Tan solo 10 jóvenes aportaron más de una victoria a su equipo, siendo Marcus Smart de los Boston Celtics el que más con 2,9 triunfos.

Si lo comparamos con los registros ‘Win Share’ de los líderes de esta estadística en las anteriores ediciones del Draft, vemos también como la clase de 2014 fue, con diferencia, la peor en cuanto a rendimiento. Todo ello, recordemos, en un ambiente de ‘tanking’ para conseguir a Andrew Wiggins, Jabari Parker, Marcus Smart, Joel Embiid, Julius Randle y compañía.

La suerte ya está echada, y los equipos ya tienen a sus nuevas promesas. Karl-Anthony Towns, D’Angelo Russell, Jahlil Okafor, Kristaps Porzingis, Mario Hezonja o Justise Winslow están llamados a ser el futuro de la liga. Ahora, ¿pasará como en 2014? La plataforma FiveThiryEight, propiedad de ESPN, ha hecho una proyección estadística de cómo será esta nueva hornada de jóvenes. Tan solo Russell (15,2%) y Towns (13,5%) tienen más del 10% de probabilidades de acabar siendo superestrellas de la NBA. ¿Habrán acertado los equipos con sus elecciones? El tiempo lo dirá.

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